Mis experiencias pedagógicas y los modos del discurso de la felicidad

Como alumna durante estos cuatro años fui perdiendo el miedo a las grandes obras literarias, esas que parecían intocables e incomprensibles, como también textos imposibles de analizar sin ayuda, he ido creciendo junto con todos esos libros maravillosos, con esos grandes autores y sus grandes historias, leídas tantas veces por tanta gente, hasta que llegaron hacia mi; he ingerido a Benedetti y Alfonsina como remedio casero de tristezas, me he sentido como Teseo sin la ayuda de Ariadna muchas veces leyendo a Borges; he descubierto amoríos de otros siglos, algunas moralejas escondidas y otras no tanto, apliqué teorías, busqué significados, leí guerras y le di el nombre de Paz a una paloma equivocada, jugué a la rayuela, aprendí a llorar y crucé puentes junto a Cortázar, porque él sabía muy bien que un puente no se sostiene de un solo lado; también leí amaneceres,exilios,adulterios karenínicos y bováricos, inventé neologismos, como vé, porque planifiqué, ensayé y monografié.

Uf, ¿cuántas formas diferentes utilicé para demostrar lo feliz que he sido? ya perdí la cuenta.


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